Base64 convierte cualquier secuencia de bytes en texto formado solo por A–Z, a–z, 0–9, + y /, con = como relleno, para que los datos binarios viajen sin problemas dentro de JSON, correos, cabeceras HTTP o data URLs. «Hi» se convierte en «SGk=». Como cada 3 bytes pasan a ser 4 caracteres, el resultado ocupa aproximadamente un tercio más. Ojo: Base64 es una codificación, no un cifrado; cualquiera puede decodificarlo, así que no protege contraseñas ni secretos.
La herramienta convierte el texto a UTF-8 antes de codificar, por lo que las tildes, la ñ, otros alfabetos y los emojis se recuperan correctamente; el clásico error de btoa() con texto no latino se debe justamente a omitir este paso. Además de Base64 admite otros cuatro formatos: codificación URL (un espacio pasa a %20 y «ñ» a %C3%B1), hexadecimal, secuencias de escape Unicode como \u00F1 que aparecen en JSON y código, y bytes UTF-8 en hexadecimal para depurar problemas de codificación.
Sirve para decodificar un valor Base64 de una respuesta de API o de un archivo de configuración, ver el contenido de una parte de un JWT (que usa Base64 apto para URL, por lo que quizá debas cambiar - y _ por + y / y añadir =), preparar parámetros de URL con caracteres especiales o averiguar qué tipo de cadena extraña tienes delante. Si la decodificación falla, se indica que la entrada no es válida.
Solo trabaja con texto; no convierte imágenes ni archivos a Base64. Todo se procesa en tu navegador y nada se sube.