Un JWT (JSON Web Token) es el formato de credencial más común para autenticar APIs. Está formado por tres cadenas separadas por puntos. La cabecera indica el algoritmo de firma (como HS256 o RS256) y el tipo. La carga útil (payload) contiene claims como el ID de usuario, los roles y la caducidad. La firma la calcula el servidor sobre las dos primeras partes con una clave y demuestra que no se han manipulado. Las dos primeras partes solo están codificadas en Base64URL, no cifradas.
Pega un token y la herramienta decodifica al instante la cabecera y el payload en JSON formateado, mostrando la firma tal cual. Los claims de tiempo más comunes se convierten a hora local legible: exp es la caducidad, iat la fecha de emisión y nbf el momento desde el que es válido (antes no debe aceptarse). Además, usa exp para indicar si el token ha caducado. Es muy útil para depurar el inicio de sesión, revisar roles o averiguar por qué los usuarios se desconectan.
Un punto importante: decodificar no es verificar. La herramienta no comprueba la firma con ninguna clave y cualquiera puede falsificar un payload de aspecto legítimo. Tu back-end debe verificar la firma, el algoritmo y exp con una biblioteca fiable y rechazar tokens con alg igual a none. Y como cualquiera puede leer el payload, nunca incluyas contraseñas, números de documento ni otros datos sensibles en un JWT.
Un token es una credencial de acceso: pegarlo en una web desconocida equivale a entregar el acceso a la cuenta. Esta herramienta decodifica íntegramente en tu navegador y nunca envía ni registra el token. Aun así, con sistemas en producción conviene usar tokens caducados o de entornos de prueba.